lunes, 1 de octubre de 2007

Georges Bataille (1897-1962)

lunes, 1 de octubre de 2007 2
Una filosofía de la transgresión

Luis Diego Fernandez

Ex seminarista, pornógrafo, orgiasta, místico, hizo de su vida la consumación de un espectáculo de consecuencia con sus ideas. Filósofo total, la provocación pero también la inteligencia del exceso le otorgaron peso propio. A 110 años de su nacimiento, un repaso por la obra del pensador que les dio al erotismo, a la religión y al arte un estatuto revolucionario.

Legado

Su influencia fue evidente en pensadores como Michel Foucault, Gilles Deleuze, Jacques Derrida, entre otros. Y hoy, en Roberto Esposito y Giorgio Agamben.

La vida de Georges Bataille es una gran parábola de la filosofía francesa del siglo XX. Es la historia de cómo la mayor forma de racionalidad debe, necesariamente, perderse o borrarse para alcanzar su mejor forma. De alguna manera, el programa filosófico de Bataille es el muestrario de la apertura de la razón hacia la constatación de nuestra animalidad, para terminar, en definitiva, en la condición de posibilidad de una biopolítica contemporánea. Suerte de monstruo filosofal, Bataille mereció en vida la adjetivación tanto de Martin Heidegger como de Jean-Paul Sartre. Fue el pensador alemán quien lo calificó como la ?mejor cabeza pensante de Francia? Sartre, por su

parte, le dedicó un violento artículo donde su mirada despectiva le colocaba

el mote de? ¿nuevo místico?

Ex seminarista, pornógrafo, comunista revolucionario, bebedor, orgiasta, cercano al círculo surrealista, bibliotecario, místico, ateo (convertido), nietzscheano de izquierdas ?en la tradición de Palante a Foucault?, pueden ser descripciones atinadas de la vida o las vidas de Georges Bataille. En este sentido, quizás el mayor logro de su trabajo intelectual haya sido la libertad absoluta para pensar y escribir. Su trabajo en la Biblioteca Nacional de París y en la Municipal de Orléans le otorgaron el espacio para

el desarrollo de un proyecto filosófico al margen de la academia y los académicos. Nietzscheano y marxista en forma simultánea, veía en el dionisismo de Nietzsche y en la revolución marxista dos formas que quebrantarían lo que tanto lo obsesionaba: la homogeneidad fascista y productivista.

Artista maldito y revolucionario, Bataille hizo de su vida la consumación de un espectáculo de consecuencia con su pensamiento. Filósofo total, la provocación pero también la inteligencia del exceso le dieron peso propio. Quizá podamos ver a Bataille como un Nietzsche francés. Encarnación de la recepción del pensamiento del filósofo alemán en Francia, en gran medida es su responsabilidad que el nietzscheanismo haya prosperado y mutado en diferentes generaciones de pensadores franceses de la mejor manera. De alguna forma, si Heidegger fue ?el? filósofo del siglo XX, del cual se embebieron gran parte de los filósofos de la Europa continental, Bataille fue a todas luces el filósofo francés más importante de la primera mitad del siglo XX. La influencia del pensamiento batailleano es evidente y contundente al repasar algunos nombres tocados por su fibra: Michel Foucault, Maurice Blanchot, Gilles Deleuze, Jacques Derrida, Philippe Sollers, Pierre Klossowski, Emmanuel Levinas, el grupo Tel Quel, Michel Leiris, Jean-Luc Nancy, Roberto Esposito o Giorgio Agamben. Las esquirlas de

su visión de mundo y sus categorías fueron extraordinariamente resistentes y adaptativas al mundo contemporáneo. A diferencia de Sartre, cuya filosofía, es evidente, padeció de una obsolescencia notable, el pensamiento de Bataille resulta más vigente que nunca de cara al siglo XXI, mientras que la facciosidad de Sartre lo deja absolutamente a contrapelo.

El Yo caído

La vasta y diversa obra de Bataille incluye ensayos, novelas, relatos, poemas y centenares de artículos en revistas. En este aspecto, existen dos cuestiones dignas de remarcarse: la diversidad de registros de su escritura (que, como veremos, responden a un proyecto estético e intelectual), y lo que Foucault llamará ?el desenganche del Yo?. Ambas operaciones parten de la misma lógica conceptual. Veamos: la tradición de la ipseidad (el privilegio yoico) de la filosofía moderna ?particularmente, francesa con el gesto subjetivante del cogito cartesiano? resulta quebrada por el pensamiento

múltiple y acéfalo de Bataille. De Descartes a Sartre, la filosofía francesa pareció moverse en la preeminencia de una subjetividad totalizadora que daba sentido al mundo moderno. Esta significación, con Bataille, se rompe para siempre: de allí su impronta.

Quizá quien mejor plantee la operación de la filosofía de Bataille en el plano escriturario sea Michel Foucault, en el Prefacio a la transgresión: El desmoronamiento de la subjetividad filosófica, su disposición en el interior del lenguaje que la desposee, pero que la multiplica en el espacio de su cavidad, es probablemente una de las estructuras fundamentales del pensamiento contemporáneo. No se trata aquí todavía de un final de la filosofía. Más bien del final del filósofo como forma soberana y primera del lenguaje filosófico. Y tal vez a todos los que se esfuerzan por mantener la

unidad de la función gramatical del filósofo ?el precio de la coherencia, de la existencia misma del lenguaje filosófico? se les podría oponer la ejemplar empresa de Bataille, que no ha dejado de romper en él, y con encarnizamiento, la soberanía del sujeto filosofante (?) la obra de Bataille lo muestra mucho más cerca, en un perpetuo tránsito a niveles diferentes del habla, a través de un desenganche sistemático en relación con el Yo que

acaba de tomar la palabra, listo ya para desplegarla e instalarse en ella?

Efectivamente, es este espacio de soberanía y de privilegio del Yo, cogito o subjetividad ?en tanto fundamento?, lo que se abre a partir de la obra de Bataille. A través de las experiencias del erotismo, la mística y el arte, ese yo cerrado sobre sí, discontinuo y estructurante de un discurso filosófico, así como de una figura de filósofo soberano, se resquebraja, se contamina, se abre; consigue, en cierto modo, una continuidad (trágica).

La obra de Bataille, en este aspecto, revela una coherencia en lo múltiple: desde La experiencia interior (1943) y La parte maldita (1949) a El erotismo (1951) y su continuación en Las lágrimas de Eros (1961), su pensamiento revela esta tensión y esta búsqueda de sobrepasar el límite, de transgredir? la soledad del sujeto?. En las páginas finales de El erotismo aparece de modo tan bello como crudo y ferozmente lúcido lo que tal vez Bataille nunca haya dicho de mejor manera: ?¿Qué sería de nosotros sin el lenguaje? Nos hizo ser lo que somos. Sólo él revela, en el límite, el momento soberano en que ya no rige. Pero al final el que habla confiesa su impotencia. El lenguaje no se da independientemente del juego de la prohibición y la transgresión. Por eso la filosofía, para poder resolver, en la medida de lo posible, el conjunto de los problemas, tiene que retomarlos a partir de un análisis histórico de la prohibición y la transgresión. A través de la contestación, basada en la crítica de los orígenes, es como la filosofía,

volviéndose trasgresión de la filosofía, accede a la cima del ser? Esta búsqueda de transgresión del límite existencial es lo que también aparece en sus novelas publicadas bajo los seudónimos de Lord Auch o Pierre Angélique. Será entonces que en primer plano se da este juego de velos y desvelos tan propio de la experiencia erótica (o pornográfica) y la mística. Tanto El ano solar (1927), como Historia del ojo (1928), Madame Edwarda (1940) o El Abad C resultan cabales ejemplos de este desarrollo. Aparece entonces lo que Maurice Blanchot llamará la ?experiencia de la escritura?.

La ontología de la literatura de Blanchot se hermana con la literatura de Bataille en el marco de un pensamiento donde la relación con la otredad resulta central. El pensamiento sobre lo otro absoluto tiene en Bataille un representante de nota. En la tradición literaria francesa, de Mallarmé a Blanchot, la narrativa de Bataille cierra una estética de la experiencia, del derroche, el don y el sacrificio. Intimamente ligados, filosofía y literatura, ensayos y novelas se dan como una escritura común, donde los

conceptos o personajes terminan decantando en la misma exigencia; exigencia de un mundo que se ofrece, precisamente, como lo otro absoluto. Y la literatura, en este sentido, debe acceder a su desciframiento. Es en el comienzo de La experiencia interior que Bataille lo explicita: ?Este mundo se le da al hombre como un enigma a resolver. Toda mi vida (?) se me ha pasado en resolver el enigma?. El Bataille filósofo y el Bataille literato, de esta manera, es el mismo. Fernando Savater, en el prólogo a La

experiencia interior, habla de los múltiples Bataille. Pero es una multiplicidad común. Nuevamente, la heterogeneidad y la acefalía. El sacrificio y el don. El derroche. Todos los Bataille son el mismo Bataille.

Del gasto como concepto liberador. Los conceptos que emplea o genera Bataille tienen un centro unificador o común que se apoya en la trascendencia de la no utilidad. En los diferentes artículos citos en La conjuración sagrada aparece la importancia del gasto improductivo como forma de ?resistencia? o desarrollo de una vida libre y heterogénea. Las diferentes esferas que provienen del gasto improductivo, según Bataille,

serían: el lujo, los duelos, las guerras, los cultos, el arte, el sexo perverso (sin la función reproductiva), los espectáculos, los juegos (lo lúdico), lo suntuario en general. Aquello que repose en la inutilidad, por fuera de la matriz productiva útil, será lo reivindicado por Bataille. Su sociología ?plasmada en los pocos números de la revista Acéphale? tiene en Nietzsche, Marx y Sade tres fuentes que le resultan propicias para ver lo

excrementicio social, aquello que es descartado por su carencia de productividad. En cierto modo, lo marginal, lo alternativo, lo anormal, lo anómalo es donde pone el foco nuestro pensador. Elementos, por cierto, que Foucault considerará centrales en sus análisis posteriores. Su peculiar sociología heterogénea y acéfala le permitirá esta mirada revulsiva y plenamente actual.

Bataille descubrirá en Marx y Nietzsche lo dos antídotos o piedras de toque para la reconversión de lo que consideraba los grandes males de la sociedad moderna: el individualismo posesivo y el nacionalismo militarista. El artista soberano y la sociedad común le devolverían al hombre, de acuerdo a Bataille, lo que le correspondía por derecho propio (su libertad) y que el esquema teocrático continuado por la matriz productiva le habría arrebatado.

Erotismo, religión y arte, entonces, se revelan como las formas providenciales a través de las cuales la transgresión se hace manifiesta y el gasto improductivo se vislumbra. En definitiva: retorno y conciencia de nuestra animalidad perdida. Mística, erotismo y arte nos retrotraen a la conjura de una sociedad trágica (en torno a un mito). De esta manera, una sociedad heterogénea (y acéfala), según Bataille, sólo se podría unificar de

forma comunista y estética en torno a la tragedia. En contraposición a la sociedad fascista, universal y homogénea consustanciada en torno a un líder (Mussolini, Hitler). Este ditirambo dionisíaco se plasma en lo orgiástico que logra romper la falta de continuidad existencial. El hombre que trabaja (de modo enfermizo) para ?olvidar? su condición mortal y trágica emerge por medio de las manifestaciones del gasto improductivo (erotismo, mística, arte) permitiendo ?la continuidad del ser temporaria? y concluyendo, entonces, en la liberación de la enajenación productivista a la que lo lleva

la sociedad fascista.

El siglo de Bataille. El 10 de septiembre de 1897, hace 110 años, nacía Georges Bataille en Billom. Murió el 9 de julio de 1962. Era el menor de dos hermanos, con un padre alcohólico, ciego y sifilítico. Y una familia que vivía en permanente conflicto y padecimiento. En el 2001 el filósofo Bernard Henry-Levy publicó un libro vindicativo de Jean-Paul Sartre que tituló El siglo de Sartre. Allí defendía la tesis de que Sartre había sido ?el filósofo francés del siglo XX?, viendo en su figura al mismo siglo

encarnado. Algo así como una suerte de Voltaire de los tiempos modernos. Bataille, figura en algunos aspectos secreta, oscura y revulsiva, denostada por el propio Sartre, sin embargo, termina siendo una más cabal y cercana encarnación del siglo XX. Más lúcida y potente. Más atinada y feroz, así como polémica y dolorosa. Pero también vigente. Referencia ineludible para las filosofías de Giorgio Agamben y Roberto Esposito, Bataille parece ser la punta del iceberg de la biopolítica contemporánea. Tal vez sea ya el momento de decir, sin excusas, que el siglo XX fue el siglo de Bataille: ahí están sus textos para probarlo.

...Georges Bataille

La soberanía de lo sagrado

Julian Fava*

En 1949, y después de dieciocho años de trabajo, Georges Bataille publica su proyecto más ambicioso: el primer volumen de lo que sería su ontología del movimiento general de la vida interior del hombre. La parte maldita aparece, de este modo, como una obra cuyas pretensiones son tan desmedidas como aquello que se propone: fundar las leyes de la economía general frente al limitado horizonte de la economía restringida. La vida no es solamente una forma que se configura dentro de los límites de lo útil; sino que ella es, fundamentalmente, una fuerza que se despliega, se derrocha y se dona

produciendo un excedente destinado a la destrucción. La existencia humana está escindida trágicamente. Mientras que en el mundo del día ?es decir, el mundo profano? la vida, reagenciada por medio de prohibiciones y tabúes, es reducida al ámbito del trabajo que condena al hombre a una condición servil, en el mundo sagrado, en cambio, la existencia se abre sobre su límite más allá de la utilidad.

La risa, el erotismo y la poesía aparecen, así, como experiencias ligadas al gasto: lejos de las prácticas del mundo profano, donde cada individualidad se sostiene idéntica a condición de resguardarse en sus límites, exponen a cada singularidad a un afuera inaprensible, al instante que se resuelve en nada y que designa el reino milagroso del no saber, la soberanía, o la subjetividad profunda. La dialéctica económica entre el principio de utilidad y el principio de la pérdida está a la base, por lo tanto, de la

división entre el ámbito profano y el ámbito sagrado, abriendo esa triple dimensión: religioso-erótico-artística. No se trata, pues, de vestir lo real un ropaje inteligible. Se trata del excedente de nuestras fuerzas: de nuestra parte maldita. Se trata de apostar. Se trata de exponerse. Sólo así seremos soberanos, sólo así seremos eternos.

*Traductor de La parte maldita.

Bataille y el materialismo histórico

Mario Martin Gomez

La interpretación del pensamiento político de Georges Bataille ocupa un lugar destacado en el escenario filosófico contemporáneo: sus múltiples discusiones en torno al problema del Estado, su singular interpretación de la noción de soberanía y su recuperación como precursor de la temática de la comunidad marcan no sólo la originalidad de su elaboración filosóficopolítica sino también la vigencia de su pensamiento.

Este tópico complementa la plurivocidad de un pensar que no sólo se ocupó de temas tan diversos como el erotismo, el gasto, las religiones, la sociología francesa, el psicoanálisis o la escritura de novelas como Historie de l? oeil, sino que vinculó estos intereses con una preocupación por la imbricación entre teoría y praxis política.

No obstante, una zona del pensamiento político de Bataille espera ser exhumada: su singular apropiación del materialismo histórico durante los años 30, etapa que coincide con su pertenencia al movimiento surrealista. Este Bataille aún desconocido merece ser explorado; de este período se destacan una serie de artículos de la revista Contre-Attaque donde los clásicos conceptos de proletariado y revolución son enriquecidos en su tratamiento temático. Cabe mencionar la declaración Unión de lucha de

intelectuales revolucionarios: allí Bataille junto a Breton, Eluard, Klossowsky y Péret, entre otros, propone no sólo un diagnóstico de los motivos que condujeron al ascenso del fascismo sino fundamentalmente ?como toda filosofía política debiera hacer? a una terapéutica programática para enfrentarlo. La importancia filosófica de este aporte es doble. Por un lado, cancela aquellas lecturas que arbitrariamente ligan su pensamiento político al fascismo. Por el otro, demuestra su capacidad de producción colectiva en

el campo de la reflexión política, gesto pionero que retomarán Jean-Paul Sartre y Maurice Blanchot durante los años 60.

*Docente de Metafísica y Gnoseología de la Facultad de Filosofía y Letras de

la UBA.

La obsesión pornográfica

L.D.F

Las novelas pornográficas de Georges Bataille, publicadas bajo los seudónimos de Pierre Angélique o Lord Auch, parecen remitir directamente a la estilística del Marqués de Sade. Sus personajes, por lo general lineales (sin desarrollo psicológico), son transgresores y blasfemos. El erotismo de Bataille es un erotismo lindante con la mística, algo que se verifica en los personajes como Madame Edwarda o el Abad C. Este registro aparece como una mirada fría y abyecta de la carne, tal como lo detecta Michel Onfray. Se trata de una mirada que parte de cierta suciedad o culpabilidad (latente o transgredida) ligada a lo sexual. Seguramente, la observación de Onfray sea

atinada: la formación religiosa de Bataille pesó en esta construcción de lo sexual conectado con lo corruptible de lo corporal. Algo que, según Onfray, no aparece en los libertinos racionalistas de los siglos XVII y XVIII donde la mirada resulta radicalmente atea y materialista. En Bataille, así como en los casos de Sade o Sacher-Masoch, la obsesión pornográfica parte de la trasgresión a la ley. El espacio sádico ?el castillo gótico, la geografía cerrada, donde la orgía de los nobles se lleva a cabo? se contacta con el espacio masoquista (de Sacher-Masoch). En el caso de las novelas de

Bataille, la transgresión es mística, a diferencia de Sade, donde es claramente criminal. El cuerpo sádico es el cuerpo ilustrado, ateo y materialista; el sádico, el amo, tiene la potestad absoluta y el dominio sobre el resto de las vidas (los cuerpos) que se someten a la orgía. El master o la mistress son quienes ocupan el lugar de ?dios?, donde la ley que

rige en el castillo del crimen nada tiene que ver con el contrato civil. El cuerpo batailleano, en este sentido, es una herramienta cuyo exceso orgiástico pretende superar el límite de la discontinuidad de la existencia con los demás. Deseo, dolor y suplicio (algo que tanto obsesionaba a Bataille) aparecen intrínsecamente conectados en su poética. No son, entonces, los actos sexuales en sí mismos lo que le interesa al Bataille

pornógrafo, sino lo ?orgiástico? ?lo dionisíaco? tal como lo entendía Nietzsche en el Origen de la tragedia, es decir: ruptura de la ?soledad del ser? en el éxtasis de la carne.

sábado, 29 de septiembre de 2007

Una Mirada a Giorgio Agamben

sábado, 29 de septiembre de 2007 0


Giorgio Agamben se ha convertido en una referencia obligada en el campo de la filosofía política contemporánea. En gran medida, esto se debe a su obra Homo sacer I. El poder soberano y la vida desnuda (1995), en la cual interpreta la categoría de soberanía desde la perspectiva filosófica de Hannah Arendt y de Michel Foucault. La inclusión de la vida biológica en los mecanismos del Estado, que para Foucault y Arendt constituía la novedad política de la Modernidad, para Agamben constituye la esencia misma de todas las formas de poder político en Occidente.
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domingo, 23 de septiembre de 2007

Žižek sobre Deleuze

domingo, 23 de septiembre de 2007 8

La controversia entre deleuzianos y zizekianos o, si se quiere, entre quienes argumentan haber enterrado la dialéctica hegeliana para siempre y el falo psicoanalítico a contrapelo del marxismo más conservador con sus fuentes básicas, no se ha hecho esperar en ocasión de la publicación de Organos sin Cuerpo. Sobre Deleuze y Consecuencias (Valencia: Pre-Textos) por parte de Žižek. Prueba de ello es un interesante post de Inmanencia. Hay además una reseña del libro en este sitio de la cátedra Ramón Llull y en los blogs citados por Naxos en Inmanencia.

Consideramos la discusión de suma importancia y actualidad.


sábado, 22 de septiembre de 2007

cocorosie - hairnet paradise

sábado, 22 de septiembre de 2007 0

miércoles, 19 de septiembre de 2007

miércoles, 19 de septiembre de 2007 0

"...I didn't know that Cheshire cats always grinned;
in fact, I didn't know that cats could grin..."

Alice's Adventures in Wonderland
Lewis Carroll


«Hablo de Jorge. En este rostro devastado por el odio hacia la filosofía he visto por primera vez el retrato del Anticristo, que no viene de la tribu de Judas, como afirman los que enuncian su llegada, ni de ningún país lejano. El Anticristo puede nacer de la misma piedad, del excesivo amor por Dios o por la verdad, así como el hereje nace del santo y el endemoniado del vidente. Huye Adso, de los profetas y de los que están dispuestos a morir por la verdad, porque suelen provocar también la muerte de muchos otros, a menudo antes que la propia, y a veces en lugar de la propia. Jorge ha realizado una obra diabólica, porque era tal la lujuria con que amaba su verdad, que se atrevió a todo para destruir la mentira. Tenía miedo del segundo libro de Aristóteles, porque talvez éste enseñase realmente a deformar el rostro de toda verdad, para que no nos convirtiésemos en esclavos de nuestros fantasmas. Quizá la tarea del que ama a los hombres consista en lograr que estos se rían de la verdad, lograr que la verdad ría, porque la única verdad consiste en aprender a liberarnos de la insana pasión por la verdad»
 
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