viernes, 6 de marzo de 2009

Antropología Nietzscheana

viernes, 6 de marzo de 2009 1
Por Esteban Josué Beltrán Ulate

El pensador Friedrich Nietzsche, presenta en la totalidad de sus obras, el camino sobre el cual el hombre ha de proyectarse, la visión evolucionista de Charles Darwin, el planteamiento de la voluntad de vivir de Schopenhauer, estos son algunos de las influencias que permean los planteamientos de este irracionalista alemán, como así lo han catalogado, debido a su repulsión por el orden occidental heredado de un pensamiento decadente a partir de los presupuestos filosóficos de Sócrates. El corpus ideológico nietzscheano es denso y quizás oscuro, su comprensión es ardua, y la interpretación se torna dificultosa, bien expresa el también alemán Martin Heidegger al decir que, pensar la metafísica nietzscheana es una meditación sobre el hombre, del cual se entendido escasamente.

Él considera el origen de la decadencia del pensamiento occidental con la llegada de Sócrates y el cristianismo, y el influjo a partir del desplazamiento de la visión dionisiaca de la vida por una apolínea, para comprender a cabalidad la visión nietzscheana se torna sumamente necesario analizar el significado de la Voluntad del Poder, además de considerar el nihilismo en su dos vertientes, pasiva y activa, la visión de tiempo a partir de la idea del eterno retorno y se consumara con la visión de Übermensch, como concretización de la visión de antropológica nietzscheana, donde el hombre se muestra como la cuerda tendida entre la bestia y el Übermensch.


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martes, 3 de marzo de 2009

Inquietud de sí

martes, 3 de marzo de 2009 3

Por Adriana González Serrano


No me pregunten quién soy

ni me pidan que siga siendo el mismo

M. Foucault

De tantos hombres que soy, que somos,
no puedo encontrar a ninguno

Mientras escribo estoy ausente
y cuando vuelvo ya he partido

P. Neruda

Al otro, A Borges, es a quien le ocurren las cosas…

Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro

J. L. Borges

Nos volvemos fetichistas cuando traemos a la conciencia los presupuestos de la metafísica del lenguaje, o sea de la razón. El lenguaje ve por todas partes actores y acción: así se origina la creencia de que la voluntad es la causa por excelencia; de que el ‘YO’ es ser y sustancia, lo que es posteriormente proyectado sobre todas las cosas (con la creación misma del concepto ‘cosa’). El ser es considerado en todo momento como causa primera, es presupuesto; de la conciencia del ‘YO’ se sigue en primer lugar, como derivativo necesario, el concepto de ‘ser’

F. Nietzsche

¡¿Poner-se a sí mismo?! Tarea ardua, pero más que todo, paradójica. La renuncia a sí mismo instalada a través de la histórica moralina de occidente frena la investigación de sí mismo, una investigación no teórica, por supuesto, sino existencial, existenciaria, fenomenológica, hermenéutica. De hecho, ante la pregunta «¿quién soy?» tendemos a salirnos de sí y a ponernos en puras categorías: yo, ser humano, mujer, hija, nieta, hermana, novia, amiga, profesora, estudiante, desconocida... Precisamente de manera teórica, pretendemos espectarnos para decir quiénes somos. De aquí que tendamos también a entretenernos con actividades supuestamente implicadas en esas categorías: siempre estamos en constante ocupación y solicitud.

Ahora bien, investigarse a sí mismo no quiere decir dejar de estar ocupados y solicitados: ello se lograría muriendo. El estar-en-el-mundo es esencialmente cuidado en sus dos formas, ocupación —el estar en medio del ente a la mano— y solicitud —el estar con los otros.

El problema es creer que somos todo y únicamente lo que puras determinaciones ónticas —categorías— dicen que somos. El problema es ser fetichistas.

La investigación de sí mismo no tiene un sentido óntico.

¡¿Poner-se a sí mismo?! ¡Imposible! ¡No hay algo que poner! Sin embargo, no escribir nada sería ceder antes las palabras, haber creído en la gramática —¡otra determinación óntica. ¡Así que nada más jugaré con ustedes! —con las palabras— poniéndolas y quitándolas y volviéndolas a poner y volviéndolas a quitar… como el niño que, jugando, coloca piedras acá y allá y construye montones de arena y luego los derriba.

Así he jugado y juego conmigo misma. Sólo que los montones de arena a veces se solidifican tanto que no los puedo derribar, o no me atrevo a hacerlo. Sí, porque soy cobarde. Sólo que a veces olvido que coloco tal piedra por allá, tanto que se incrusta, y molesta y no me percato de que está ahí, de que yo la puse ahí y de que la puedo quitar. Sólo que a veces me da pereza y busco —y según yo encuentro— un montón de arena ya hecho en el cual conformarme. Sólo que a veces, por un instante, el juego parece detenerse y digo “…he llegado…” pero justo cuando lo digo se me escapa, se fuga, corre como agua por los dedos: es para decir “¡uy! ¡ahí estaba!”.

Nihilismo, pesimismo y tragedia

Por Adriana González Serrano


Occidente no ha asumido devenir, de manera que ha congelado la existencia en detrimento de la misma. A este congelamiento se le ha llamado ciencia y al detrimento progreso, civilización, cultura —cultura moderna, la cúspide de la humanidad. El nacimiento de la tragedia no es un lamento romántico —al modo de “toda época pasada fue mejor”— de aquella época trágica de los griegos. Si bien es cierto que se le celebra, el propósito de escrutar los orígenes de la tragedia, su modo de ser y su infortunado aniquilamiento, es para pensar la decadente época nuestra. Nietzsche condena esta época de asesina, porque quita vida, salud, creatividad, fuerza, potencia, pasión: por eso es decadente, por eso es nihilista.

Este pesimismo de Nietzsche respecto a nuestra época es el que quiere despertar, porque es un pesimismo respecto a la ciencia y a la moral: ¿Acaso es el cientificismo nada más que un miedo al pesimismo y una escapatoria frente a él? —se pregunta— ¿Una defensa sutil obligada contra la verdad? ¿Y hablando en términos morales, algo así como cobardía y falsedad? (2000: 27). Occidente no ha hecho más que escaparse y encubrir la muerte, y por lo tanto la vida, con teorías, conceptos, mentiras pasadas por verdades: esto es lo que significa que occidente no ha asumido devenir, porque lo he detenido encerrándolo en enciclopedias y lo ha momificado colocándolo en museos… como si fuera una cosa y no sangre corriendo por las venas. La furia de Nietzsche es contra el conocimiento insaciable y optimista que aniquiló a la tragedia y a su disposición afectiva. Era el pesimismo de los griegos el que los vivificaba. Por eso Nietzsche también se pregunta: ¿Existe un pesimismo de la fortaleza? ¿Una predilección intelectual por las cosas duras, horrendas, malvadas, problemáticas de la existencia, predilección nacida de un bienestar, de una salud desbordante, de una plenitud de la existencia? ¿Se da talvez un sufrimiento causado por esa misma sobreplenitud? (2000: 26).

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DRUX FLUX - el hombre unidimensional

viernes, 27 de febrero de 2009

Siga el caso contra Horacio Potel

viernes, 27 de febrero de 2009 0


sábado, 14 de febrero de 2009

Josep M. Català: Fenomenología de la Interfaz

sábado, 14 de febrero de 2009 1
Hay un gesto tan habitual, tan aparentemente humano, que es necesario hacer un considerable esfuerzo para extraer del mismo esa naturalidad que lo emborrona y lo vuelve insignificante; pero la pugna es inevitable si queremos resituarlo en la esfera de la consciencia verdaderamente humana. Me refiero al gesto de colocar algo ante nuestros ojos, no tanto para verlo como para mirarlo.

A veces, cuando me tumbo en la cama para leer, mi gata me sigue y pretende instalarse sobre mi pecho, justo entre mis ojos y el libro que yo acabo de colocar ante ellos. Si bien es obvio que mi gata nada sabe del ejercicio de la lectura, no está tan claro que deba poseer el mismo grado de ignorancia en lo que concierne a la visión, precisamente ella que pertenece a una especie claramente inquisidora. Puede parecer por lo tanto sorprendente que el animal no sea capaz de calibrar la impertinencia que supone interrumpir la línea de visión que se ha establecido entre mis ojos y el libro que sostienen mis manos, y sin embargo no da la impresión de que a la gata le importe en absoluto el inconveniente y se echa a dormir como si para mi debiera ser lo mismo contemplarla a ella que al libro. Mi gata representa con su indiferencia la actitud de la propia naturaleza hacia las construcciones humanas, en este caso la de la mirada.

El gesto de colocar un libro ante los ojos no se encuentra tanto en el ámbito fenomenológico del ver como en el del mirar, y si bien la naturaleza ha previsto el complicado mecanismo de la visión, no parece que haya tenido ninguna responsabilidad en lo que se refiere al complejo ejercicio de la mirada. Por ello, si bien mi gata, como la mayoría de los animales, es una gran especialista en ver, resulta por el contrario una ignorante intrínseca en el mirar.

La facultad animal de ver es absolutamente pasiva: el animal ve todo aquello que se coloca en el campo de visión, y cuando la vista se ve atraída por algún elemento en concreto despliega una actividad suplementaria que consiste en concentrar la atención en el punto que es foco del interés inmediato. Pero en ningún caso se produce una verdadera mirada. Por ello es absolutamente impensable que en un animal, por inteligente que sea la especie a la que pertenezca, surja la noción de que su visualidad puede ser interrumpida. Para que algo así pudiera ocurrir, la acción de ver debería estar precedida de una intención y a ésta le debería seguir un gesto, ya fuera el de colocar algo ante los ojos o el de dirigir los ojos hacia algo expresamente y con la intención de ver solamente aquello. La mirada es pues una construcción compleja, compuesta de una voluntad y el gesto que pone en relación la vista con un determinado objeto cuyo interés precede subjetivamente a su visión propiamente dicha.

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Círculo Hermenéutico y Verdad en el Pensamiento de Paul Ricoeur

Por Esteban Josué Beltrán Ulate

(Estudiante en la Escuela de Filosofía, UCR)


Paul Ricoeur, se adhiere al tema del discurso como punto sobre el cual ejercer su filosofía de la interpretación, y ahí deposita sus conocimientos adquiridos desde diversas fuentes filosóficas y teológicas, claro ejemplo de su capacidad analítica y de síntesis.

A partir de una asimilación de los postulados de Edmund Husserl, Ricoeur analiza y construye una propuesta en base a criterios de carácter interpretativos, es así como en su hermenéutica destaca elementos a utilizar en el escudriñamiento del eidos, en realidades sociales, tales como el discurso oral, y el escrito, mismo expresado por medio del texto, con el objetivo de alcanzar la escencia y estructura fundamental de la cosa en sí; heredando supuestos kantianos, el autor busca inferir criterios y postula un método donde el juego dialéctico entre objetividad y subjetividad, nombrado por él mismo como círculo hermenéutico media para la obtención de conocimiento sobre la realidad del hecho en sí, sin que este se vuelva un simple conocimiento relativo y falaz, sino más bien la ejecución en todo su potencial de la mente humana cognoscitiva en pro de alcanzar conocimiento a su vez valido objetivamente.

Considerando como elemento a priori, la existencia de la realidad, y verdad como todo aquello que se acerca a la representación de esta, la hermenéutica fenomenológica se presenta como una herramienta de carácter analítico, eficaz para la investigación, la calificación y la evaluación de representaciones de mundo brindadas por personas a través del discurso en sus dos modalidades.

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