miércoles, 26 de diciembre de 2007

Dialogo de los muertos

miércoles, 26 de diciembre de 2007



Luciano de Samósata


Capítulo I - Diógenes y Pólux

DIOGENES - Pólux, en cuanto subas a la tierra -pues mañana es a ti a quien le toca resucitar y no a tu hermano Cástor-, deberás buscar a Menipo, el cínico, -que suele estar en el Cranion o en el Liceo de Corinto, burlándose de cómo los filósofos discuten los unos con los otros sin cesar-, y decirle lo siguiente: Menipo, puesto que de las cosas terrenales ya te has reído suficiente, Diógenes desea que vayas como su invitado al Hades, donde podrás reírte muchísimo más. Aquí abajo, la duda pone límites a tu risa y no dejáis de cuestionaros: ¿Quién conoce el mundo que hay al otro lado de la muerte? En cambio allí no pararás de dar carcajadas, como yo, sobre todo cuando veas a los ricos, sátrapas y tiranos, a cual más humilde e insignificante, sólo diferenciándose del resto por sus gemidos, debilitados por su escasa hombría y vileza que les hace recordar constantemente los bienes terrenales. Quiero que le digas todo esto, y sobre todo que no se olvide de traer la alforja llena de altramuces y si es posible, algo de comida de Hécate, si encuentra una tirada en alguna encrucijada, un huevo de algún sacrificio expiatorio, o algo que se le parezca.

POLUX - Se lo diré, no debes preocuparte, Diógenes. Ahora dame su descripción para que yo pueda reconocer a ese hombre sin equivocaciones.

DlÓGENES - Es viejo, calvo, y lleva un manto desgastado con agujeros por todas partes, y va lleno de parches de distintos colores que le dan a esa capa una peculiar tonalidad. Suele estar riendo, y muchas veces burlándose de esos filósofos orgullosos.

POLUX - Con tal descripción, no tendré ninguna dificultad para encontrarle.

DlÓGENES - ¿Podrías también decirles algo de mi parte a esos filósofos?

POLUX - Adelante. No será ninguna molestia.

DlÓGENES - Diles que dejen ya de decir estupideces, que acaben sus discusiones sobre el Universo, que dejen de ponerse cuernos los unos a los otros, y de inventar cocodrilos, siempre exhibiendo su inteligencia con esos absurdos acertijos.

POLUX - Pero me tacharán de inculto e ignorante si pongo en duda su sabiduría.

DlÓGENES - Si lo hacen, envíales al infierno de mi parte.

POLUX - Eso haré, Diógenes.

DlÓGENES - Y a los ricos, mi pequeño y querido Polux, pregúntales que por qué razón se comportan como necios guardando toda su fortuna bajo llave, y también pregúntales por qué se torturan calculando intereses y amontonando talentos si tarde o temprano vendrán aquí con tan sólo un donativo.

POLUX - Haré lo que me ordenas.

DIÓGENES - Por último, me gustaría que llevarás un mensaje a ese par de fuertes y hermosos jóvenes, Megilo, el Corintio y Damaxeno el púgil, que aquí no entendemos ni de rubias melenas, ni de ojos claros o negros, ni de caras azoradas, ni de tensos músculos, ni de grandes espaldas: aquí sólo entendemos de una cosa: de cráneos carentes totalmente de belleza.

POLUX - Tampoco me es molesto llevarles ese mensaje.

DIÓGENES - Y a los pobres -que son muchos, hombres descontentos por su mala fortuna y que lloran lastimosamente su pobreza-, diles de mi parte, Lacedemonio, -después de hablarles de la igualdad que aquí reina-, que ya no se lamenten más, pues aquí podrán contemplar cómo los ricos se encuentran al mismo nivel que ellos. Y a tus paisanos los lacedemonios, si te parece bien, me gustaría echarles en cara su actual debilidad frente a su pasada fortaleza.

POLUX - En cuanto a los lacedemonios, no digas nada, Diógenes. No tolero que sean reprimidos. A todos los demás sí que les llevaré tu mensaje.

DIÓGENES - Ya que así lo deseas, dejaremos en paz a estos últimos, pero lleva esos recados a los demás que he mencionado.

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