sábado, 22 de marzo de 2008

El oído de Heidegger - Filopolemología (Geschlecht IV)

sábado, 22 de marzo de 2008 0

Jacques Derrida

TAUTOLOGÍA, MONOLOGÍA, OTOLOGÍA. EL SACRIFICIO DE HEIDEGGER

Esto era en 1933. En 1935, en la Introducción..., el estilo es ciertamente diferente, el enfoque contextual cambia un poco, ya que se trata de un seminario y no de un discurso rectoral. Pero ¿no volvemos a encontrarnos un armazón conceptual análogo cuando, al leer a Heráclito, Heidegger vuelve a decir una vez más del Kampf, una de las traducciones para pólemos, que constituye la oposición (Gegeneinander), que mantiene ahí una «apertura» -ésta es la palabra que emplea-, y al mismo tiempo, por eso mismo, reúne, según el lógos, en una Sammlung que es un lógos?

Se trata del fragmento 53 que había sido objeto de un intercambio epistolar con Carl Schmitt durante el verano de 1933. Lo cito y traduzco en primer lugar del modo tradicional o convencional, pero Heidegger no lo oye con este oído y la re-traducción que propone de él y no deja de re-traducir a su vez, de 1935 a 1955, será el lugar de decisiones esenciales. He aquí el texto que se supone bien conocido y su traducción corriente:

Pólemos pántôn men patếr esti [El pólemos, la guerra, es el padre de todas las cosas], pántôn de basileýs [el rey de todas las cosas] kai tous men theous edeixe tous de anthrốpous; tous men doulous epoíese toús de elethérous [de ciertas cosas establece -o prueba- que son dioses, de otras que son hombres; de algunas hace esclavos, de otras seres libres].

¿De qué guerra se trata, bajo el nombre de pólemos? Ciertamente, no de una guerra humana, por tanto, no de una guerra, según Heidegger, ya que pólemos precede a los hombres a los que da nacimiento. Justo después de haber traducido el fragmento de un cierto modo que leeremos en un momento, Heidegger añade: «Lo que aquí se llama pólemos es un conflicto (Streit) que predomina [perdomine, dice la traducción francesa por waltender Streit], antes de que sea cuestión de lo divino o de lo humano, no es una guerra al modo humano (kein Krieg nach menschlicher Weise)».

Seguir leyendo


El ocasionalismo de Malebranche: un círculo vicioso




Malebranche tiene como referencia significativa a Descartes; fue uno de los continuadores del pensamiento filosófico cartesiano. Asimismo añadió a su propio pensamiento aspectos teológicos san agustinianos, su otro gran referente. Esta síntesis entre San Agustín y Descartes llevó a Malebranche a plantear el ocasionalismo: filosofía bastante radical con respecto a los asuntos metafísicos tradicionales.

El ocasionalismo lleva hasta sus últimas consecuencias el dualismo cartesiano res cogitans - res extensa: niega que exista alguna conexión entre ambas substancias. Al igual que Descartes, para Malebranche el alma y la extensión son substancias, es decir, cada una de ellas puede concebirse sola sin la necesidad de concebir alguna otra cosa que la soporte. Estas dos substancias tienen sus propias modificaciones, sus modos de ser. Los modos, a diferencia de las substancias, necesitan de algún sustrato en el cual puedan ser.

Alma y extensión son entonces dos substancias diferentes e independientes la una de la otra. Esto porque los modos de la extensión son básicamente relaciones de distancia: pueden medirse, compararse, cuantificarse… es decir, son objeto de la geometría. En cambio, los modos del alma -razonamientos, sentimientos, deseos… pensamientos- no aceptan el mismo trato. Por lo tanto, son substancias completamente diferentes. Lo que está aquí en cuestión es la materialidad del alma y de sus modos. Es más, no es un tema que Malebranche cuestionó. Tampoco que el cuerpo humano sea meramente material o extenso, y que por lo tanto, no piense. Por ello, planteó estos modos del alma absolutamente independientes de la extensión: dice Malebranche que se puede pensar sin la necesidad de la extensión, del cuerpo. ¿Se puede pensar sin un cuerpo, no siendo cuerpo?

Algo que no se ha mencionado todavía: Malebranche incorpora en su filosofía la célebre frase "cogito ergo sum". Yo soy algo que piensa, nada más. Y como este modo no le es propio al cuerpo, yo no soy cuerpo. ¿Yo no soy éste cuerpo que está sentado frente a la computadora, escribiendo, escuchando uno o dos carros que pasan fuera de mi casa, bostezando…? Téngase presente esta idea a lo largo de ésta síntesis acerca de Malebranche.

En los planteamientos anteriores, Malebranche es bastante cartesiano. Sin embargo, Descartes identificó un punto de conexión entre alma y cuerpo: la glándula pineal. Fue su respuesta a la problemática de no ser éste cuerpo, sino ¿cómo se explicaría el que las manos escriban lo que estoy pensando? En cambio, Malebranche rechazó alguna conexión entre alma y cuerpo, por más pequeña o rara que sea -como la glándula pineal. Su respuesta a la problemática anterior fue un tanto más radical: el ocasionalismo.

Malebranche puso el alma a vivir en un mundo inteligible que no tiene ninguna comunicación con el mundo material, al cual pertenece el cuerpo. Este mundo material es un mundo invisible para nosotros los seres humanos. Por lo tanto, estamos imposibilitados para conocer el mundo tal y como es . ¿Cómo conocemos? ¿Qué conocemos? ¿Cuál es la garantía de que conozcamos algo, de que algo exista, de que existamos? La respuesta de Malebranche es dios.

"Este mundo que habitas no es de ninguna manera tal como tú lo crees, porque no es, efectivamente, tal y como lo ves o lo sientes" . Según la idea anterior, las teclas que siento en mis dedos, que veo y que escucho, no son teclas propiamente dichas, no son teclas en sí, por decirlo de alguna manera. Para Malebranche, lo que siento, veo y escucho es la idea de las teclas. Lo que existe, lo que tiene una realidad ontológica, son las ideas. De lo contrario, pensaríamos nada… pensaríamos la nada . Ahora, estas ideas son representaciones del mundo, de los objetos del mundo a los cuales no podemos acceder por la falta de comunicación entre la res cogitans y la res extensa. Esto significa, entre otras cosas, que los objetos no producen las ideas en nosotros. ¿Las producimos nosotros? Malebranche contestó con un rotundo no, pues estuvo muy lejos de plantear un sujeto productor de conocimiento, un sujeto activo en ese aspecto -o en cualquier otro. Tampoco son ideas innatas en nosotros; ¿cómo podríamos tener una idea innata de cada detalle del mundo? Recuérdese: lo que percibimos de cada ínfimo detalle del mundo son ideas, representaciones de las cosas y no las cosas en sí. Ahora, si las ideas son representaciones de las cosas inaccesibles a nosotros, ¿quién las representa… cómo se representan en nosotros? Es en esta encrucijada donde aparece dios como el garante de la objetividad, del conocimiento, de la verdad, de la existencia.

Como se mencionó antes, en Malebranche, el ser humano es enteramente pasivo: la única forma de que conozca algo es que lo reciba (pasivamente, sin ni siquiera un acto de apropiación) en su ser. Y según Malebranche, dios es el que imprime las ideas en nosotros, pues es el único que tiene acceso a los objetos del mundo ya que es infinito, omnipresente y omnisciente. La noción de dios malenbranchiana encierra o contiene absolutamente todo lo que es: la extensión que percibimos es la extensión inteligible contenida en dios, la representación de la extensión en sí que sólo dios conoce. Dicho de otra manera, dios es causa de si mismo y de todo lo que existe. De aquí que sea causa de nuestro conocimiento, que lo ocasione. Lo que nosotros conocemos es lo que vemos por y en dios: tal es la tesis de Malebranche.

Lo más grave del pensamiento de Malebranche es que, siendo dios la causa de todo lo que existe, es también causa de nuestras acciones: dios ocasiona el que yo mueva las manos para escribir en la computadora. Es más, dios ocasiona que yo crea que estoy moviendo las manos para… La libertad humana desaparece de un solo borrón en la filosofía de Malebranche.

Del ocasionalismo surgen problemas que terminan, por decirlo de alguna manera, en una especie de círculo vicioso. Por ejemplo: al principio de Conversaciones sobre la metafísica y la religión, Malebranche -en voz de Teodoro- le pide a Aristeo -que vendríamos a ser nosotros que estamos leyendo su obra- que abandone el mundo material en el que cree vivir, que no confíe en los sentidos, que acalle la imaginación, que luche contra su cuerpo… Da a entender que estos actos dependen de la voluntad de Aristeo. Pero, ¿cómo son posibles tales actos si todo lo ocasiona dios? Además, si lo que somos es pura res extensa viviendo en un mundo inteligible donde lo que vemos son las ideas que dios imprime en nosotros, ¿por qué pedir que luchemos contra el cuerpo y los sentidos, si estos vendrían a ser ideas impresas por nada más ni nada menos que dios? Pero acéptesele luchar contra el cuerpo: lo que Malebranche quiere es que no confiemos en los sentidos porque conducen al error, que abandonemos el cuerpo para poder acceder al mundo inteligible. Pero, ¿no es que ya pertenecíamos, como la res cogitans que somos, a ese mundo? Si de lleno no somos un cuerpo, ¿cuál es el sentido de luchar contra él? ¿Cómo vamos a luchar contra él si ni siquiera hay conexión entre res cogitans y res extensa? Ahora, la lucha contra el cuerpo se debe a la influencia de San Agustín, el cual identificó cuerpo y pecado. Pero, si dios ocasiona todo, ocasionó el cuerpo y, por consiguiente, ¿ocasionó el pecado? ¿Dios sería autor del pecado, así como del error al que conducen supuestamente los sentidos?

Adriana G.S

sábado, 23 de febrero de 2008

sábado, 23 de febrero de 2008 1
Fueron palabras violentas, palabras de inconformidad pero no con vos sino con el laberinto y los cadáveres exquisitos que deja el minotauro, y con la pretensión, o más bien obstinación, de portar el hilo que, contrariamente a salvar, extenúa. ¡Que entonces vivan los cadáveres exquisitos! Que sean cadáveres danzantes, esqueletos mexicanos celebrando su día, celebrando la resistencia a muertes impuestas.

No comprendés el laberinto del cual intentás salvar a muchos. Creés que un hilo, un fino hilo, los guiará. Pero te ahorcás con el, lo colocás placenteramente alrededor de tu cuello y con las propias manos te asfixiás. Evadís salvar la propia vida. Por eso sólo Dionisio con un beso borracho te puede devolver el aliento.

Que cobarde Ariadna. Tus fantasmas te dominan. La razón te aplasta el cuerpo.

...adri...

miércoles, 13 de febrero de 2008

El Νοῦς Anaxagórico

miércoles, 13 de febrero de 2008 0

Gerardo Hernández

La Condición Ontológica del Movimiento en la Concepción

Filosófica del Νοῦς anaxagórico

Al principio fue el movimiento

Problema

Todas las cosas son eternas, el cambio está en todas las cosas, el cambio es eterno.

Este silogismo derivado del sentido cosmológico de Anaxágoras, nos sitúa en el problema de la condición ontológica del movimiento (el cambio) desde su concepción cosmogónica.

Para ello nos remitiremos a textos específicos, en los que se haga referencia directa al tema del movimiento o se lo vincule indirectamente con otros elementos propios de la exégesis anaxagórica. A lo largo de esta pequeña investigación se notará que la concepción cosmogónica anaxagórica está intrínsecamente ligada al movimiento y a la determinación de la materia.

El fragmento doce presenta una referencia anaxagórica contundente y hasta cierto punto clara acerca del tema del movimiento, que constituye el análisis de este trabajo y es por ello, que nos enfocaremos primordialmente en él.

El problema planteado en este trabajo no es de índole histórico, empero ontológico-analítico, y es por ello imprescindible comprender que el mismo no pretende explicar una teleología del Νοῦς, o bien, el sentido de la existencia de las cosas -ya previamente pensadas por el “Intelecto” (Νοῦς)-, sino más bien, dilucidar las implicaciones contenidas en la noción de movimiento y determinación de la materia o de las “demás cosas”.

Así, se someterán los fragmentos de Anaxágoras a un análisis crítico-analítico, demostrando necesariamente cómo la materia siempre se ha movido y a raíz de ello, cómo el Νοῦς se ha visto en la necesidad de mover.

“καὶ ὁποῖα ἔμελλεν ἔσεσθαι καὶ ὁποῖα ἦν͵ ἅσσα νῦν μὴ ἔστι͵ καὶ ὅσα νῦν ἐστι καὶ ὁποῖα ἔσται͵ πάντα διεκό σμησε Νοῦς͵ καὶ τὴν περιχώρησιν ταύτην͵ ἣν νῦν περι χωρέει τά τε ἄστρα καὶ ὁ ἥλιος καὶ ἡ σελήνη καὶ ὁ ἀὴρ καὶ ὁ αἰθὴρ οἱ ἀποκρινόμενοι. ἡ δὲ περιχώρησις αὐτὴ ἐποίησεν ἀποκρίνεσθαι. καὶ ἀποκρίνεται ἀπό τε τοῦ ἀραιοῦ τὸ πυκνὸν καὶ ἀπὸ τοῦ ψυχροῦ τὸ θερμὸν καὶ ἀπὸ τοῦ ζοφεροῦ τὸ λαμπρὸν καὶ ἀπὸ τοῦ διεροῦ τὸ ξηρόν.” [Y cómo iban a ser y cómo fueron las que son ahora, todo lo dispuso el Nous, y la rotación misma por la cual rotan ahora los astros, el sol, la luna y también el aire y el éter en cuanto están separados. Y la rotación misma produjo el hecho de la separación. Y así se separa lo denso de lo raro, lo caliente de lo frío, lo luminoso de lo oscuro, lo seco de lo húmedo.] Fragmento doce (3, traducción de Cappelletti)

Basados en la interpretación cosmogónica anaxagórica, en este trabajo se refutará la afirmación de que el ὅμου estuvo quieto e inmóvil, en una μῖγμα originaria. Además, se intentará demostrar -desde el texto mismo-, cómo el movimiento ha sido perpetuo en todas las cosas. Esto lo expresa claramente el silogismo acuñado en la frase inicial.

Se escapa a los objetivos del trabajo discutir detalles y pormenores acerca de la naturaleza del Νοῦς, de su movimiento circular o del álgido planteamiento de su voluntad omnipresente y omnisciente. No obstante, una pregunta clave (que en este trabajo no se aclarará), respondería a la interrogante: ¿Es inevitable que el Νοῦς sea una deidad?

Seguir leyendo...



martes, 22 de enero de 2008

Larga Entrevista con Emmanuel Levinas

martes, 22 de enero de 2008 0


miércoles, 16 de enero de 2008

Ponencia de Jethro Masís

miércoles, 16 de enero de 2008 1



jueves, 10 de enero de 2008

Las posibilidades de la filosofía

jueves, 10 de enero de 2008 2

"Disputare cum Socrate licet, dubitare cum Carneade,
cum Epicuro quiescere, hominis naturam cum Stoicis uincere,
cum Cynicis excedere"

"
Se puede discutir con Sócrates, dudar con Carnéades,
tranquilizarse con Epicuro, vencer la naturaleza humana con los estoicos,
excederse con los cínicos"

Séneca, De la brevedad de la vida

Manuel Domínguez Sánchez, La muerte de Séneca

 
Asociación de Estudiantes de Filosofía UCR. Design by Pocket